domingo, 12 de agosto de 2018

1 REYES. CAPÍTULO 17

CICLO DE ELÍAS

Elías: la sequía (Jr 14)

171Elías, el tesbita (de Tisbé de Galaad), dijo a Ajab:
-¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.
2Luego el Señor le dirigió la palabra:
3-Vete de aquí hacia el Oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. 4Bebe del torrente y yo mandará a los cuervos que te lleven allí la comida.
5Elías hizo lo que le mandó el Señor y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. 6Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente. 7Pero al cabo del tiempo el torrente se secó, porque no había llovido en la región. 8Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías:
9-Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí; yo mandaré a una viuda que te dé la comida.
10Elías se puso en camino hacia Sarepta, y al llegar a la entrada del pueblo encontró allí a una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo:
-Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para beber.
11Mientras iba a buscarla, Elías le gritó:
-Por favor, tráeme en la mano un trozo de pan.
12Ella respondió:
-¡Vive el Señor, tu Dios! No tengo pan; sólo me queda un puñado de harina en el jarro y un poco de aceite en la aceitera. Ya ves, estaba recogiendo cuatro astillas: voy a hacer un pan para mí y para mi hijo, nos lo comeremos y luego moriremos.
13Elías le dijo:
-No temas. Anda a hacer lo que dices, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo para ti y tu hijo lo hará después. 14Porque así dice el Señor, Dios de Israel: <<El cántaro de harina no se vaciará, la aceitera de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra>>.
15Ella marchó a hacer lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo durante mucho tiempo. 16El cántaro de harina no se vació ni la aceitera se agotó, como lo había dicho el Señor por Elías.
17Más tarde cayó enfermo el hijo de la dueña de la casa; la enfermedad fue tan grave, que murió. 18Entonces la mujer dijo a Elías:
-¡No quiero nada contigo, profeta! ¿Has venido a mi casa a recordar mis culpas y matarme a mi hijo?
19Elías respondió:
-Dame a tu hijo.
Y tomándolo de su regazo, se lo llevó a la habitación de arriba, donde él dormía, y lo acostó en la cama. 20Después clamó al Señor:
-Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda en su casa la vas a castigar haciéndole morir al hijo?
21Luego se echó tres veces sobre el niño, clamando al Señor:
-¡Señor, Dios mío, que resucite este niño!
22El Señor escuchó la súplica de Elías, volvió la vida al niño y resucitó. 23Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación y se lo entregó a la madre, diciéndole:
-Aquí tienes a tu hijo vivo.
24La mujer dijo a Elías:
-¡Ahora reconozco que eres un profeta y que la palabra del Señor que tú pronuncias se cumple!

Explicación.

CICLO DE ELÍAS Y ELISEO

17 Elías aparece repentinamente. Se habla de él como si fuera personaje conocido. En esto se aparta conspicuamente de Moisés y de Samuel, cuyas biografías se remontan a la infancia prodigiosa. El primer capítulo es preparación y comienzo. Preparación para su misión, porque aprende rápidamente lo que es ser profeta solitario, sin comunidad de apoyo, dependiendo solamente del Señor que lo envía y conduce. El capítulo se llena con milagros realizados en los dominios que se arrogan los dioses extranjeros. La palabra de Elías vacía de trigo los campos y llena de harina el cántaro de la viuda: perseguido a muerte, devuelve la vida a un huérfano. La palabra del Señor, que Elías recibe en forma de orden y comunica en forma de anuncio, mueve y unifica este capítulo.

Desde el comienzo hay que notar el predominio del tema de la comida. Los cuervos traen de comer al profeta; él suministra alimento a la viuda; Abdías sustenta a los profetas del Señor, Jezaben a los de Baal (18,4.13.19); el rey busca sustento para el ganado (18,5), Elías se preocupa de que el rey coma (18,41) y lo mismo hará Jezabel (21,5-7) y será Dios quien procure alimento a Elías en el desierto (19,5).

17,1 Eclo 48,1s; Lv 26,18-20

17,9 Sarepta es una pequeña población en Fenicia, precisamente la región de donde ha venido Jezabel con su culto extranjero. El poder del Señor se extiende también a esa tierra, y el profeta lleva allá la presencia del Señor. Por medio de su profeta, el Señor trae el pan de que vive el hombre, vinculado al mandato que da vida (recuérdese Dt 8,3).

17,12 Jurar por el nombre del Señor era profesión de fe: el narrador presenta a la viuda como si creyera en el Dios de Israel. Hay que escuchar en el original la serie regular e inexorable de los verbos: "Iré y lo coceré, y lo comeremos y moriremos": la última comida de dos condenados a morir de hambre.

17,13-14 Elías exige un acto de caridad extraordinario unido a un acto de fe en su palabra.

17,18 La viuda ve en la muerte del hijo un castigo de sus propios pecados. El hombre de Dios ( = profeta) atrae la atención de Dios sobre los pecados de la viuda, su presencia es nefasta. La aliteración en la vocal larga i (en ocho palabras de once) hace expresiva la queja de la mujer.

17,22 Eclo 48,5.

17,24 Dt 18,18.

1 REYES. CAPÍTULO 16

161El Señor dirigió la palabra de Jehú, hijo de Jananí, contra Basá:
2-Yo te saqué del polvo y te hice jefe de mi pueblo Israel; pero tú has imitado a Jeroboán, has hecho pecar a mi pueblo, Israel, irritándome con sus pecados, 3por eso voy a barrer a Basá y su casa y a dejarla como la de Jeroboán, hijo de Nabat. 4A los de Basá que mueran en poblado los devorarán los perros y al que muera en descampado lo devorarán las aves del cielo.
5Para más datos sobre Basá y sus hazañas militares, véanse los Anales del Reino de Israel.
6Basá murió, y lo enterraron en Tirsá. Su hijo Elá le sucedió en el trono.
7Por medio del profeta Jehú, hijo de Jananí, el Señor dirigió la palabra a Basá y su casa, por haber imitado a la casa de Jeroboán, haciendo lo que el Señor reprueba, irritándolo con sus obras, y también porque exterminó a la casa de Jeroboán.

Elá de Israel (885-884)

8Elá, hijo de Basá, subió al trono de Israel, en Tirsá, el año veintisiete del reinado de Asá de Judá. Reinó dos años.
9Su oficial Zimrí, jefe de media división de carros, conspiró contra él mientras se emborrachaba en Tirsá, en casa de Arsá, mayordomo de palacio. 10Entró Zimrí, lo asesinó el año veintisiete del reinado de Asá de Judá y lo suplantó en el trono. 11En cuanto subió al trono y se proclamó rey, mató a toda la familia de Basá; 17acabó con todo el que mea a la pared, pariente o amigo. Zimrí exterminó a toda la familia de Basá, como el Señor había profetizado contra Basá por medio del profeta Jehú, 13a causa de los pecados de Basá y los de su hijo Elá; los que cometieron ellos y los que hicieron cometer a Israel, irritando al Señor, Dios de Israel, con sus ídolos.
14Para más datos sobre Elá y sus empresas, véanse los Anales del Reino de Israel.

Zimrí de Israel (884)

15Zimrí ocupó el trono en Tirsá siete días, el año veintisiete del reinado de Asá de Judá. 16La tropa acampabajunto a Gabatón, que pertenecía a los filisteos, y cuando los acampados oyeron que Zimrí había conspirado y matado al rey, aquel mismo día proclamaron rey de Israel al general Omrí. 17Omrí, con todo el ejército israelita, marchó de Gabatón para sitiar a Tirsá. 18Cuando Zimrí vio que la ciudad estaba para caer, se encerró en la torre de palacio, prendió fuego al palacio, y así murió. 19Fue por los pecados que cometió haciendo lo que el Señor reprueba, imitando a Jeroboán y los pecados que hizo cometer a Israel.
20Para más datos sobre Zimrí y la conspiración que tramó, véanse los Anales del Reino de Israel.

Omrí de Israel (884-874)

21Entonces los israelitas se dividieron: la mitad siguió a Tibní, hijo de Guinat, queriendo proclamarlo rey, y la otra mitad siguió a Omrí. 22Los partidarios de Omrí se impusieron a los de Tibní, hijo de Guinat. Tibní cayó muerto y Omrí subió al trono.
23Omrí subió al trono de Israel el año treinta y uno del reinado de Asá de Judá. Reinó doce años, seis en Tirsá. 24Le compró a Sémer el monte de Samaría por sesenta kilos de plata y edificó allí una ciudad, a la que llamó Samaría (por Sémer, el dueño del monte).
25Omrí hizo lo que el Señor reprueba; fue peor que todos sus predecesores. 26Imitó a la letra a Jeroboán, hijo de Nabat, y los pecados que hizo cometer a Israel, irritando al Señor, Dios de Israel, con sus ídolos.
27Para más datos sobre Omrí y sus hazañas militares, véanse los Anales del Reino de Israel. 28Omrí murió y lo enterraron en Samaría. Su hijo Ajab le sucedió en el trono.

Ajab de Israel (874-852)

29Ajab, hijo de Omrí, subió al trono de Israel el año treinta y ocho del reinado de Asá de Judá. 30Reinó sobre Israel, en Samaría, veintidós años.
Hizo lo que el Señor reprueba, más que todos sus predecesores. 31Lo de menos fue que imitara los pecados de Jeroboán, hijo de Nabat; se casó con Jezabel, hija de Etbaal, rey de los fenicios, y dio culto y adoró a Baal. 32Erigió un altar a Baal en el templo que le construyó en Samaría; 33colocó también una estela y siguió irritando al Señor, Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que le precedieron.
34En su tiempo, Jiel, de Betel, reconstruyó Jericó: los cimientos le costaron la vida de Abirán, su primogénito, y las puertas, la de Segub, su benjamín, como lo había dicho el Señor por medio de Josué, hijo de Nun.

Explicación.

16,1-7 El oráculo contra Basá es imitación patente del anterior contra Jeroboán (14,8-11). 

16,4  1 Re 14,11.

16,7 Exterminando a la familia de Jeroboán, Basá ejecuta la sentencia de Dios y, a la vez, se hace culpable. Esto significa que también las injusticias y crueldades humanas pueden cumplir designios de castigo divino; lo cual no absuelve al hombre de su crueldad.

16,8-14 Zimrí es un iluso al proclamarse rey sin apoyo del ejército: su reinado de siete días pasa a la historia como ejemplo (2 Re 9,31).

16,12  2 Re 9,31.

16,15  2 Re 9,31.

16,21-28 La guerra civil duró unos cuatro años al cabo de los cuales Omrí inaugura la tercera dinastía de Israel. La creación de la nueva capital fue un acto de gran valor político y estratégico; algo así como la de Jerusalén de David. El paralelismo subraya la diferencia: Samaría no es la ciudad escogida por Dios para habitar, no es centro religioso. Con todo, Samaría llega a dar nombre al reino septentrional, como Omrí da nombre a una dinastía (reconocida con ese nombre en los anales asirios, aun después de caer la dinastía).

Omrí logró dar estabilidad a la monarquía, aunque no pudo rechazar del todo el dominio sirio. Según fuentes extranjeras (la estela de Mesa rey de Moab), logró someter a Moab. Y parece que reanudó las relaciones comerciales y políticas con Fenicia.

16,29 El reinado de Ajab inaugura, en diversos aspectos, una nueva era. En lo político hay que señalar el tratado de paz firmado con Judá y las relaciones estrechas con Fenicia. En lo militar, sus campañas contra los arameos. En lo religioso, la penetración del Baal de Tiro y la aparición del profeta Elías.

16,30-33 Es correcto el juicio del autor, el pecado es más grave. En tiempo de Ajab penetra un dios conquistador que pretende eliminar el yahvismo para ocupar su puesto. La técnica de la usurpación, que cambia periódicamente las dinastías, ¿tendrá aplicación también en la esfera divina? ¿Logrará Baal usurpar el trono de Yahvé?

16,31 Dt 7,1-4.

16,34 Sobre Jericó pesaba la maldición de Josué (Jos 6,26). No está claro si se trata de un sacrificio de fundación que el reconstructor ofrece, o si se trata de una desgracia familiar que la tradición ligó a la vieja maldición.

1 REYES. CAPÍTULO 15

Abías de Judá (914-911) -2 Cr 13-


151Abías subió al trono de Judá el año dieciocho de Jeroboán, hijo de Nabat. 3Reinó en Jerusalén tres años. Su madre se llamaba Maacá, hija de Absalón. 3Imitó a la letra los pecados que su padre había cometido; su corazón no perteneció por completo al Señor, su Dios, como el corazón de David, su antepasado. 4En consideración a David, el Señor, su Dios, le dejó una lámpara en Jerusalén, dándode descendientes y conservando a Jerusalén. 5Porque David hizo lo que el Señor aprueba, sin desviarse de sus mandamientos durante toda su vida, excepto en el asunto de Urías, el hitita. 6Hubo guerras continuas entre Abías y Jeroboán.

7Para más datos sobre Abías y sus empresas, véanse los anales del Reino de Judá.
8Abías murió, y lo enterraron en la Ciudad de David. Su hijo Asá le sucedió en el trono.


Asá de Judá (911-870) -2 Cr 14-16)



9Asá subió al trono de Judá el año veinte del reinado de Jeroboán de Israel. 10Reinó cuarenta y un años en Jerusalén. Su abuela se llamaba Maacá, hija de Absalón. 11Hizo lo que el Señor aprueba, como su antepasado, David. 12Desterró la prostitución sagrada y retiró todos los ídolos hechos por sus antepasados. 13Incluso a su abuela Maacá le quitó el título de reina madre, por haber hecho una imagen de Astarté. Asá destrozó la imagen y la quemó en el torrente Cedrón. 14No desaparecieron las ermintas en los altozanos; pero, sin embargo, el corazón de Asá perteneció por entero al Señor toda su vida. 15Llevó al templo las ofrendas de su padre y las suyas propias: plata, oro y utensilios.

16Hubo guerras continuas entre Asá y Basá de Israel. 17Basá de Israel hizo una campaña contra Judá y fortificó Ramá, para cortar las comunicaciones a Asá de Judá. 18Entonces Asá tomó la plata y el oro que quedaba en los tesoros del templo y del palacio y, entregándoselos a sus ministros, los envió a Benadad, hijo de Tabrimón, de Jezión, rey de Siria, que residía en Damasco, con este mensaje: 19<<Hagamos un tratado de paz, como lo hicieron tu padre y el mío. Aquí te envío este obsequio de plata y oro. Ve, rompe tu alianza con Basá de Israel, para que se retire de mi territorio>>. 20Benadad le hizo caso y envió a sus generales contra las ciudades de Israel, devastando Iyón, Dan, Abel Bet* Maacá, la zona del lago y toda la región de Neftalí. 21En cuanto se enteró Basá, suspendió las obras de Ramá y se volvió a Tirsá. 22Asá movilizó entonces a todo Judá, sin excepción. Desmontaron las piedras y leños con que Basá fortificaba Ramá y los aprovecharon para fortificar Guibeá* de Benjamín y Mispá*.
23Para más datos sobre Asá, sus hazañas militares y las ciudades que fortificó, véanse los Anales del Reino de Judá. 
24De viejo, enfermó de podagra. Murió, y lo enterraron con sus antepasados en la Ciudad de David. Su hijo Josafat le sucedió en el trono.

Nadab de Israel (910-909)

25Nadab, hijo de Jeroboán, subió al trono de Israel el año segundo del reinado de Asá de Judá. Reinó en Israel dos años. 26Hizo lo que el Señor reprueba: imitó a su padre y los pecados que hizo cometer a Israel.
27Basá, hijo de Ajías, de la tribu de Isacar, conspiró contra él y lo asesinó en Gabatón, que pertenecía a los filisteos, cuando Nadab con todo Israel la estaban sitiando. 28Basá lo mató el año tercero del reinado de Asá de Judá, y lo suplantó en el trono. 29En cuanto se proclamó rey, mató a toda la familia de Jeroboán, hasta aniquililarla, sin dejar alma viviente, como había dicho el Señor por su siervo Ajías, el silonita; 30por los pecados que Jeroboán hizo cometer a Israel y por provocar el enojo del Señor, Dios de Israel.
31Para más datos sobre Nadab y sus empresas, véanse los Anales del Reino de Israel.

Basá de Israel (909-885)

32Hubo guerras continuas entre Asá y Basá de Israel.
33Basá, hijo de Ajías, subió al trono de Israel, en Tirsá, el año tercero del reinado de Asá de Judá. Reinó veinticuatro años. 34Hizo lo que el Señor reprueba; imitó a Jeroboán y los pecados que hizo cometer a Israel.

Explicación.

15-16 En adelante el autor tiene que dirigir alternativamente la mirada al reino del norte y al del sur: para él, ambos son parte del pueblo de Dios. Durante los próximos cuarenta años pasan dos reyes por el trono de Judá, cinco por el de Israel en dos cambios de dinastía. Toda esta época agitada se reduce en el libro a unas cuantas valoraciones religiosas. A veces, sólo queda el esquema sin los hechos; de ordinario, la explicación del autor resulta simplista. El lector no encuentra satisfechas sus curiosidades de lector de historia, ni resueltas sus dudas: a ratos se aburre, a ratos se irrita. Si reflexionando vence la desazón, podrá abrirse a la sorpresa: ese autor que tiene a su disposición los archivos o anales, los consulta para ir citando a los reyes ante el tribunal de la historia, y, tras un juicio sumario o sumarísimo, dicta sentencia con gesto soberano. Sentencia, no según leyes humanas, no según valoraciones comunes, sino según la aprobación o desaprobación de Dios. Y esto lo hace el autor con unos monarcas "por la gracia de Dios". Si leemos estas páginas y paralelamente leemos algunos salmos reales (p. ej., Sal 2,20; 21,45; 72; 110), apreciaremos la enorme tensión a que está sometida la teología de la realeza. La polaridad, la tensión entre fuerzas opuestas es lo que define esta teología, y no un par de principios claros y fácilmente armonizables. Fuerzas de idealismo y del realismo, de la esperanza y la desilusión, de la elección y la rebelión. La historia sagrada de la monarquía no es una historia edificante. El que la contó pertenece, según la tradición judía, a los "profetas anteriores".

15,1-8 EL hijo de Roboán, Abías, es un esquema de pecado: el reino breve y la muerte temprana son su castigo. Y si la dinastía no acaba con él, es por la promesa del Señor a David.

15, 4  1 Re 11,36.

15,5  1 Re 11.

15,12  2 Re 23.

15,9-24 Asá es la figura contraria, y su reino duró mucho, hasta que el rey muere de viejo. El hecho de que la reina abuela ocupe el puesto oficial de reina madre parece indicar que su madre murió prematuramente.

Durante el reinado entra en escena Damasco, ansioso de explotar la disensión entre Israel y Judá. A Damasco le interesaba sobre todo la ruta de las caravanas por debajo del lago de Genesaret, a través de la llanura de Esdrelón, hasta rodear el Carmelo junto al mar. Para ello necesitaba la alianza o la sumisión del estado de Israel.

15,20 * = Prado de Casa.

15,22 * = Loma; Atalaya.

15,25-32 El asedio de una ciudad filistea, situada en la punta suroeste del reino, parece indicar que los filisteos hacen sentir de nuevo su poder, como en los días de Saúl. Otra consecuencia de la división interna.

1 REYES. CAPÍTULO 14

Sentencia contra Jeroboán

141Por entonces cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboán, 2y éste dijo a su mujer:
-Anda, disfrázate para que nadie se dé cuenta de que eres mi mujer y vete a Siló; allí está el profeta Ajías, el que me profetizó que yo sería rey de esta nación. 3Llévate diez panes, rosquillas y un tarro de miel, y preséntate ante él; él te dirá qué va a ser del niño.
4Así lo hizo; se puso en camino hacia Siló y entró en casa de Ajías. Ajías estaba casi ciego, tenía los ojos apagados por la vejez, 5pero el Señor le había dicho: <<Va a venir la mujer de Jeroboán a pedirte un oráculo sobre su hijo enfermo; le dices esto y esto>>. 6Llegó ella, haciéndose pasar por otra, y en cuanto Ajías sintió el ruido de sus pasos en la puerta, dijo:
-Adelante, mujer de Jeroboán. ¿A qué te haces pasar por otra? 7Tengo que darte una mala noticia. Ve a decirle a Jeroboán: Así dice el Señor, Dios de Israel: 8<<Yo te saqué de entre la gente y te hice jefe de mi pueblo, Israel, arrancándole el reino a la dinastía de David para dártelo a ti. Pero ya que tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos y me siguió de todo corazón, haciendo únicamente lo que yo apruebo, 9sino que te has portado peor que tus predecesores, haciéndote dioses ajenos, ídolos de metal, para irritarme, y a mí me has echado a la espalda, 10por eso yo voy a traer la desgracia a tu casa: te exterminará a todo israelita que mea a la pared, esclavo o libre, y barreré tu casa a conciencia, como se hace con el estiércol. 11A los tuyos que mueran en poblado los devorarán los peros y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo>>. Lo ha dicho el Señor: 12Y tú, hala, vete a tu casa; en cuanto pongas el pie en la ciudad, morirá el niño. 13Todo Israel hará luto por él y lo enterrarán, porque será el único de la familia de Jeroboán que acabe en un sepulcro; pues de toda su familia, sólo en él se puede encontrar algo que agrade al Señor, Dios de Israel. 14El Señor suscitará un rey de Israel que extermine la dinastía de Jeroboán. 15El Señor golpeará a Israel, que vacilará como un junco en el agua; arrancará a Israel de esta tierra fértil, que dio a sus padres, y los dispersará al otro lado del río, porque se hicieron estelas, irritando al Señor. 16Entregaré a Israel por los pecados que has cometido tú y has hecho cometer a Israel.
17La mujer de Jeroboán emprendió la marcha. Llegó a Tirsá, y cuando cruzaba el umbral de la casa, el niño murió. 18Todo Israel hizo luto por él y lo enterraron, como había dicho el Señor por su siervo el profeta Ajías.
19Para más datos sobre Jeroboán, sus batallas y su reinado, véanse los anales del Reino de Israel.
20Jeroboán reinó veintidós años. Murió, y su hijo Nadab le sucedió en el trono.

Roboán de Judá (931-914) -2 Cr 11-12-.

21Roboán, hijo de Salomón, subió al trono de Judá a los cuarenta años. Reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que eligió el Señor entre todas las tribus de Israel para establecer allí su Nombre. Su madre se llamaba Naamá, y era amonita.
22Los de Judá hicieron lo que el Señor reprueba. Provocaron sus celos, más que sus antepasados, con todos los pecados que cometieron; 23construyeron ermitas en los altozanos, erigieron cipos y estelas en las colinas elevadas y bajo los árboles frondosos; 24hubo incluso prostitución sagrada en el país; imitaron todos los ritos abominables de las naciones que el Señor había expulsado ante los israelitas.
25El año quinto del reinado de Roboán, Sisac, rey de Egipto, atacó a Jerusalén. 26Se apoderó de los tesoros del templo y del palacio, se lo llevó todo, con los escudos de oro que había hecho Salomón. 27Para sustituirlos, el rey Roboán hizo escudos de bronce, y se los encomendó a los jefes de la escolta que vigilaban el acceso al palacio; 28cada vez que el rey iba al templo, los de la escolta los agarraban, y luego volvían a dejarlos en el cuerpo de guardia.
29Para más datos sobre Roboán y sus empresas, véanse los Anales del Reino de Judá. 30Hubo guerras continuas entre Roboán y

Explicación.

14,1-8 El episodio recuerda por su comienzo la visita de Saúl a la bruja de Endor. Ajías termina sus días en la ciudad del viejo santuario, llena de recuerdos de Samuel, y es como otro Samuel condenando al rey de Israel. Ajías está casi ciego, pero escucha agudamente y distingue los ruidos, escucha la voz interior del oráculo y ve el final trágico y próximo de la dinastía que él mismo ha instaurado. La consulta del rey es a la vez familiar y dinástica.

14,3 1 Sm 9,7s.

14,4 1 Sm 4,15.

14,8b-9 El lenguaje sobre los ídolos es deuteronómico: para esta escuela las imágenes de Yhwh son, sin más, ídolos, dioses ajenos. Es la infidelidad máxima que se puede pensar.

14,12 1 Re 15,29.

14,13 La muerte de niño es castigo del padre (recuérdese el primer hijo de David y Betsabé), no del hijo. El autor no se extraña de que muera un inocente. Más bien se trata de un favor: Dios lo preserva de la catástrofe general y le concede a él solo el honor póstumo del sepulcro.

14,14-16 Abandonando el estilo clásico del oráculo, el autor nos anticipa un resumen de la historia del reino: la caída de la primera dinastía, la inestabilidad permanente, el destierro final. Sobre toda la historia del reino septentrional pesa el pecado de Jeroboán como un mal que contagia y envenena.

14,21-28 De Roboán el autor escoge sólo la campaña del faraón Sisac. El faraón se gloria en una inscripción del templo de Karnak de haber conquistado localidades de Judá e Israel (sin hacer tal distinción).

El narrador quiere que nos fijemos en los contrastes: Salomón se casa con una hija del faraón, Robán tiene que someterse. Símbolo de la decadencia son esos escudos de oro: si el oro abundaba hasta quitarle valor a la plata, ahora el bronce es lo más preciado que le queda a Roboán, y aun eso lo tiene que custodiar con cautela.

14,22-24 La lista de pecados es bastante convencional, salvo el detalle de la prostitución sagrada (recuérdese Baal Fegor, Nm 25). De la decadencia religiosa proviene la decadencia política.

14,30 En sentido de hostilidades continuadas, no precisamente de batallas formales. Aunque es cierto que Roboán no supo aceptar el hecho de la división, con lo cual debilitó más su reino. 1 Re 12,24.

14,31 A pesar de todo, hay algo que continúa: Jerusalén sigue siendo la ciudad elegida, el rey es enterrado con los antepasados, le sucede su propio hijo. Aunque humillada, la dinastía de David vive de la promesa del Señor.

1 REYES. CAPÍTULO 13

El profeta de Judá

131En el momento en que Jeroboán, en pie junto al altar, se disponía a quemar incienso, llegó a Betel un hombre de Dios de Judá mandado por el Señor. 2Y gritó contra el altar, por orden del Señor:
-¡Altar, altar! Así dice el Señor: Nacerá un descendiente de David (llamado Josías) que sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altozanos que queman incienso sobre ti y quemará sobre ti huesos humanos.
3Y ofreció una señal:
-Esta es la señal anunciada por el Señor: El altar va a rajarse y se derramará la ceniza que hay encima.
4Cuando el rey oyó lo que gritaba el hombre de Dios contra el altar de Betel, extendió el brazo desde el altar, ordenando:
-¡Prendedlo!
Pero el brazo extendido contra el profeta se le quedó rígido, sin poder acercarlo al cuerpo, 5mientras el altar se rajaba y se derramaba la ceniza, que era la señal anunciada por el hombre de Dios en nombre del Señor. 6Entonces el rey suplicó al hombre de Dios:
-Por favor, aplaca al Señor, tu Dios, y reza por mí para que recupere el movimiento del brazo.
El hombre de Dios aplacó al Señor y el rey recuperó el movimiento del brazo, que le quedó como antes. 7Entonces el rey le dijo:
-Ven conmigo a palacio, cobra fuerzas, y te haré un regalo.
8Pero el hombre de Dios replicó:
-No iré contigo ni aunque me des medio palacio. No comeré ni beberé nada aquí, 9porque el Señor me ha prohibido comer, beber o volverme por el mismo camino.
10Luego se fue por otra ruta, sin volverse por el camino por donde había ido a Betel.
11Vivía en Betel un viejo profeta, y cuando sus hijos fueron a contarle lo que había hecho el hombre de Dios aquel día en Betel y lo que había dicho al rey, 12su padre les preguntó:
-¿Qué camino ha tomado?
Sus hijos le enseñaron el camino que había tomado el hombre de Dios venido de Judá, 13y él les ordenó:
-Aparejadme el burro.
14Se lo aparejaron, montó y marchó tras el profeta; se lo encontró sentado bajo una encina, y le preguntó:
-¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá?
El otro respondió:
-Sí.
15Entonces le dijo:
-Ven conmigo a casa a tomar algo.
16Pero el otro respondió:
-No puedo volverme contigo, ni comer ni beber nada aquí, 17porque el Señor me ha prohibido comer o beber aquí o volverme por el mismo camino.
18Entonces el otro le dijo:
-También yo soy profeta, como tú, y un ángel me ha dicho por orden del Señor, que te lleve a mi casa para que comas y bebas algo.
19Así lo engañó; se lo llevó con él, y aquél comió y bebió en su casa. 20Pero cuando estaban sentados a la mesa, el Señor dirigió la palabra al profeta que lo había hecho volver, 21y éste gritó al hombre de Dios venido de Judá:
-Así dice el Señor: Por haber desafiado la orden del Señor, no haciendo lo que te mandaba el Señor, tu Dios, 22por volverte a comer y beber allí donde él te lo había prohibido, no enterrarán tu cadáver en la sepultura de tu familia.
23Después le aparejó el burro, y el otro se marchó. 24Pero por el camino le salió un león y lo mató. Su cadáver quedó tendido en la calzada, y el burro y el león se quedaron en pie junto a él. 25Unos caminantes vieron el cadáver tendido en la calzada y el león de pie junto al cadáver, y fueron a dar la noticia a la ciudad donde vivía el viejo profeta. 26Cuando éste lo supo, comentó:
-¡Es el hombre de Dios que desafió la orden del Señor! El Señor lo habrá entregado al león, que lo ha matado y descuartizado, como el Señor dijo.
27Luego ordenó a sus hijos:
-Aparejadme el burro.
28Se lo aparejaron. Marchó y encontró el cadáver tendido en la calzada; el burro y el león estaban en pie junto al cadáver; el león no había devorado el cadáver ni descuartizado al burro. 29El recogió el cadáver del hombre de Dios, lo acomodó sobre el burro y lo volvió a llevar a la ciudad, para hacerle los funerales y enterrarlo. 30Depositó el cadáver en su propia sepultura y le entonaron la elegía <<¡Ay hermano!>>. 31Después de enterrarlo, habló a sus hijos:
-Cuando yo muera, enterradme en la sepultura donde está enterrado este hombre de Dios; poned mis huesos junto a los suyos, 32porque ciertamente se cumplirá la imprecación que lanzó, por orden del Señor, contra el altar de Betel y todas las ermitas de los altozanos que hay en las poblaciones de Samaría.
33Pero después de esto, Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba, lo consagraba sacerdote de los altozanos. 34Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán, y motivó la destrucción y exterminio de la tierra.

Explicación.

13 Este capítulo está dominado por la palabra de Dios: la envía el Señor desde Judá por medio de un profeta anónimo, es más fuerte que el altar de piedra, más que el brazo del rey. Es anuncio y mandato: el anuncio se cumplirá, el mandato no cumplido se venga en un nuevo oráculo. La profecía traza un arco desde aquí a su cumplimiento en 2 Re 23,15-19; es una de las técnicas de composición de este libro.

13,1 Betel, por tradición y situación geográfica, fue prácticamente el santuario real (véase Am 7).

13,2 El sacrificio de los sacerdotes es a la vez castigo de ellos y profanación del altar (véase Ez 6,1-9).

13,3 El signo ofrecido anticipa de algún modo la futura profanación del altar: las cenizas contienen grasa derretida, que corresponde al Señor. Si se derrama, es que el Señor no acepta el sacrificio. Lv 3,16.

13,4 La orden del rey es un atentado a la palabra profética; pero el rey se convierte involuntariamente en nuevo signo; una ingeniosa aliteración sugiere la correspondencia.

13,5-6 El rey pone en acción otra función profética, la intercesión; en lo cual reconoce la misión del profeta y la validez de su palabra; inplícitamente reconoce al Señor que lo envió.

13,6 Ex 8,4-10; 9,28s.

13,7 El banquete podía significar la reconciliación, mientras que el regalo pagaba la intercesión eficaz. Era lógico aceptar.

13,8 Pero el profeta rehúsa, porque Dios se lo ha prohibido. ¿Cuál es el sentido de dicha prohibición? Quizá buscar razones no sea la manera mejor de comprender el mandato categórico del Señor. Nm 22,18s.

13,10 Hasta aquí se ha cumplido la orden del Señor en todos sus detalles. Aquí podría terminar el episodio. El narrador continúa con otro episodio íntimamente ligado al anterior y algo enigmático.

13,11 ¿Por qué tanto interés en extraviar a su colega? ¿Quería tentar su fidelidad? ¿Quería pervertirlo por celos? ¿Quería comprobar la validez del oráculo? Lo último parece más probable, a la luz del desenlace de la historia. Si el profeta seguía su camino, la obediencia a Dios autenticaba su misión; si el profeta desobedecía y quedaba impune, su misión era dudosa; si desobedecía y era castigado, su misión era auténtica. Esta explicación supone que al profeta no le habían bastado los dos signos contados por sus hijos, el del altar y el de la mano real.

De nuevo tenemos que comentar: este modo de buscar razones y explicaciones ¿es el modo mejor de comprender y explicar el extraño episodio? ¿No deberíamos más bien contemplar el dinamismo dialéctico de la palabra de Dios por encima de la lógica humana?

El autor que preservó aquí el relato parece que quería subrayar tal aspecto. Las narraciones proféticas son una de las características de este libro. Además el relato explica la razón de un sepulcro de dos profetas anónimos en Betel (2 Re 23).

13,18 Un "ángel" es simplemente un mensajero de parte del Señor. En este primer momento el profeta de Betel actúa como falso profeta: el encuentro es el primero de una larga cadena. Ez 13.

13,21-22 De repente Dios se apodera del profeta mentiroso y lo hace pronunciar un oráculo verdadero.

13,24 Esa guardia fúnebre de los dos animales reconciliados sabe a leyenda hagiográfica. Como la piedra del altar obedeció a la palabra del Señor, así obran los animales hasta donde Dios les permite. (El león es animal emblemático de Judá, pero el autor no parece advertir la coincidencia).

13,28 Job 12,7.9

13,30 Es el comienzo de una elegía conocida (véase Jr 22,18).

13,32 El raciocinio parece ser: si el león lo ha matado, el mandado del Señor era auténtico; si el mandato era auténtico, también lo eran la misión y el oráculo; en tal caso, es un honor ser enterrado junto a tal profeta.

El oráculo se refería al altar de Betel; el autor posterior ha añadido los altozanos e introducido el nombre de Samaría, que en tiempo del oráculo todavía no se usaba. 2 Re 23,16-18

13,33-34 La nota final es un sumario que generaliza y simplifica: el altar de Betel entra en la categoría de un altozano más. No es la explicación ordinaria.

1 REYES. CAPÍTULO 12

EL CISMA: LOS REINOS

El cisma (2 Cr 10,1-11,4)

121Roboán fue a Siquén porque todo Israel había acudido allí para proclamarlo rey. 2(Cuando se enteró Jeroboán, hijo de Nabat -estaba todavía en Egipto, adonde había ido huyendo del rey Salomón-, volvió de Egipto, porque habían mandado a llamarlo). 3Jeroboán y toda la asamblea israelita hablaron a Roboán:
4-Tu padre nos impuso un yugo pesado. Aligera tú ahora la dura servidumbre a que nos sujetó tu padre y el pesado yugo que nos echó encima, y te serviremos.
5Él les dijo:
-Marchaos, y al cabo de tres días volved.
6Ellos se fueron y el rey Roboán consultó a los ancianos que habían estado al servicio de su padre, Salomón, mientras vivía:
-¿Qué me aconsejáis que responda a esa gente?
7Le dijeron:
-Si condesciendes hoy con este pueblo, poniéndote a su servicio, y le respondes con buenas palabras, serán siervos tuyos de por vida.
8Pero él desechó el consejo de los ancianos y consultó a los jóvenes que se habían educado con él y estaban a su servicio. 9Les preguntó:
-Esta gente pide que les aligere el yugo que les echó encima mi padre. ¿Qué me aconsejáis que les responda?
10Los jóvenes que se habían educado con él le respondieron:
-O sea, que esa gente te ha dicho: <<Tu padre nos impuso un yugo pesado; aligéranoslo>>. Pues diles tú esto: <<Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre. 11Si mi padre os cargo un yugo pesado, yo os aumentaré la carga; que mi padre os castigó con azotes, yo os castigaré con latigazos>>.
12Al tercer día, la fecha señalada por el rey, Jeroboán y todo el pueblo fueron a ver a Roboán. 13Éste les respondió ásperamente; desechó el consejo de los ancianos, 14y les habló siguiendo el consejo de los jóvenes:
-Si mi padre os impuso un yugo pesado,
yo os aumentaré la carga;
que mi padre
os castigó con azotes,
yo os castigaré con latigazos.
15De manera que el rey no hizo caso al pueblo, porque era una ocasión buscada por el Señor para que se cumpliese la palabra que Ajías, el de Siló, comunicó a Jeroboán, hijo de Nabat.
16Viendo los israelitas que el rey no les hacía caso, le replicaron:
-¿Qué nos repartimos nosotros con David?
¡No heredamos juntos con el hijo de Jesé!
¡A tus tiendas, Israel!
¡Ahora, David, 
a cuidar de tu casa!
17Los de Israel se marcharon a casa; aunque los israelitas que vivían en las poblaciones de Judá siguieron sometidos a Roboán. 18El rey Roboán envió entonces a Adorán, encargado de las brigadas de trabajadores; pero los israelitas la emprendieron a pedradas con él hasta matarlo, mientras el rey montaba aprisa en su carroza para huir a Jerusalén. 19Así fue como se independizó Israel de la casa de David, hasta hoy.
20Cuando Israel oyó que Jeroboán había vuelto, mandaron a llamarlo para que fuera a la asamblea, y lo proclamaron rey de Israel. 21Con la casa de David quedó únicamente la tribu de Judá. Cuando Roboán llegó a Jerusalén, movilizó ciento ochenta mil soldados de Judá y de la tribu de Benjamín para luchar contra Israel y recuperar el reino para Roboán, hijo de Salomón. 22Pero Dios dirigió la palabra al profeta Semayas:
23-Di a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, a todo Judá y Benjamín y al resto del pueblo: 24Así dice el Señor: <<No vayáis a luchar contra vuestros hermanos, los israelitas; que cada cual se vuelva a su casa, porque esto ha sucedido por voluntad mía>>.
Obedecieron la palabra del Señor y desistieron de la campaña, como Dios lo ordenaba.

El culto cismático

25Jeroboán fortificó Siquén, en la serranía de Efraín, y residió allí. Luego salió de Siquén para fortificar Penuel. 26Y pensó para sus adentros: <<Todavía puede volver el reino a la casa de David. 27Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor, terminarán poniéndose de parte de su Señor, Roboán, rey de Judá. Me matarán y volverán a unirse a Roboán, rey de Judá>>. 28Después de aconsejarse, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente:
-¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto!
29Luego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan.
30Esto incitó a pecar a Israel, porque unos iban a Betel y otros a Dan. 31También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe, que no pertenecían a la tribu de Leví. 32Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Jerusalén, y subió al altar que había levantado en Betel a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido en los altozanos. 33Subió al altar que había hecho en Betel el día quince del mes octavo (el mes que a él le pareció). Instituyó una fiesta para los israelitas y subió al altar a ofrecer incienso.

Explicación

12 Al comenzar la tercera generación, la monarquía comienza su decadencia con una rotura irremediable. No es que el sólido edificio se resquebraje por un accidente grave; más bien, la fractura revela que no era tan sólido el edificio.

A primera vista, tal como lo presenta el autor, se trató de una protesta contra las cargas fiscales, de impuestos u prestaciones personales. Ahora bien, esto era la ocasión para que actuasen causas más profundas.

La política fiscal de Salomón había puesto en movimiento la riqueza, los bienes importados; el oro había servido al prestigio del monarca y al orgullo de un pueblo que por fin se siente importante y bien representado. Pero los sacrificios prolongados que semejante política exigía despertaron los viejos recuerdos y la añoranza de una libertad perdida. Son los de la vieja generación los que recomiendan un cambio de política, sobre todo reducción de impuestos; al hacerlo emplean un lenguaje que nos hace recordar la esclavitud en Egipto: la "dura servidumbre" es precisamente lo que el faraón impuso a los israelitas. El pueblo que cuenta y canta la épica de su liberación de la esclavitud, ¿va a terminar esclavo de una especie de faraón interior? La amenaza de Samuel acerca de la monarquía se está cumpliendo demasiado pronto, y los representantes del pueblo vuelven a soñar con algo de lo perdido, aunque no piensen en renunciar al régimen monárquico.

Salomón fue escogido e impuesto por David mismo; con su prestigio personal pudo hacer aceptable la decisión. No sabemos si Roboán era el primogénito o fue designado por Salomón (el narrador no menciona aquí a otros hermanos rivales). En cualquier caso, una monarquía "constitucional" podría cambiar la dirección despótica peligrosamente introducida por Salomón.

Este puede ser el significado de la asamblea de Siquén. No Jerusalén, la nueva capital de la dinastía, tan vinculada a David, sino Siquén, la vieja ciudad cananea de las grandes asambleas generales de Israel, de la renovación de la alianza (Jos 24), la ciudad central que significaba el primer establecimiento pacífico en tierra de Canaán. El rey tiene que acudir a Siquén abandonando su ciudad, para que la asamblea representativa del pueblo lo "proclame rey". Siquén, como Hebrón, conserva recuerdos patriarcales; y en Hebrón, antes de la conquista de Jerusalén, los ancianos de Israel proclamaron rey a David.

La asamblea de Siquén significa una primera e importante concesión del rey: nada semejante sucedió con Salomón, y todavía tiene un carácter pacífico, de mutuo reconocimiento. Muy pronto saldrán a la superficie el descontento, los rencores, las envidias profundas. Al final, el grito de independencia no invocará razones tributarias, sino que denunciará la sustancia de la monarquía davídica, sentida como ajena, contrapuesta a la monarquía del benjaminita Saúl.

La división intenerna toma otras manifestaciones y denominaciones. Es el grupo del Israel auténtico contra Judá la usurpadora, es Siquén frente a Jerusalén, son los venerables santuarios frente a las pretensiones amenazadoras del templo, es el pueblo frente al exclusivismo clerical de la tribu de Leví, es el profetismo fiel al santuario de Siló. En todas estas fuerzas, bien controladas, se apoyará Jeroboán: señal de que eran las fuerzas motoras de la revuelta y la división.

¿Pudo haber conjurado Salomón el desastre, trabajando con más conciencia y acierto, con más "sabiduría", por fomentar la unidad nacional? ¿O se embriagó con su propio esplendor? Muerto él, ¿pudo Roboán conjurar el peligro y sanar la herencia amenazada? Parece que sí, que los representantes de Israel todavía querían preservar el reino unido, en condiciones más justas. Pero Roboán era criatura del lujo salomónico, crecido con las nuevas ideas cortesanas. Le faltó perspicacia y tacto, y precipitó los acontecimientos. Además -lo dice el narrador- estaba de Dios, que con su palabra profética imprimía un nuevo curso de la historia.

12,2-3 No está del todo clara la participación de Jeroboán en las nuevas negociaciones.

12,4 La queja contra el yugo pesado se repite cuatro veces. Los delegados imponen condiciones con autoridad: la desproporción enre prótasis (once palabras) y apódosis (una palabra) expresa el reparto de fuerzas.

12,7 Los ancianos aconsejan una línea de equilibrio entre ambas fuerzas: proponen, en realidad, un pacto de servicio mutuo. Es la forma constitucional de monarquía que preconiza el Deuteronomio (Dt 17), realizada por David en Hebrón (2 Sm 5,3).

12,10-11 La forma en verso parece recoger y aplicar un proverbio popular.

12,13-14 La actitud de Roboán no difiere mucho de la actitud del faraón frente a las reclamaciones de los israelitas esclavos, aunque sea diverso el lenguaje.

12,16 El apellido "hijo de Jesé" es polémico (lo empleaba de ordinario Saúl); pretende quitarle el título de rey y confinarlo a una familia insignificante. Su "casa" ya no es una dinastía, sino una familia aldeana. Repartirse la herencia es lo que hacen los hermanos del mismo padre; pero David ya no es hermano en la familia de Israel, porque ha querido arrebatar la parte de los demás. El sentimiento de las tribus crece hasta sumergir el sentimiento de unidad.

12,18 Adorán o Adonirán encarna la política odiosa de Salomón. No es un mediador de paz, sino la mano dura de la represión.

12,19 Eclo 47,21.23s.

12,21-24 La división se ha consumado. La historia mostrará que los israelitas del Norte se siguen considerando pueblo elegido, pueblo del Señor, incluso más que los del Sur, y el Señor no les negará su palabra profética.

Esta idea de una división y convivencia pacífica no entraba en la cabeza de Roboán; un autor escribiendo más tarde, introduce aquí el refrendo divino de la situación.

12,25 Penuel era una ciudad estratégica al otro lado del Jordán, con recuerdos de Jacob (Gn 32) y Gedeón (Jue 8). Jeroboán la fortificó para asegurarse la lealtad de las tribus de Transjordania y, quizá para mantener el vasallaje de Moab. Más tarde el nuevo rey trasladará su residencia a Tirsá.

12,27-30 Jeroboán no olvida el peso decisivo del factor religioso en la política: la lección la ha enseñado David. ¿Quién podrá competir con la magnificencia del templo salomónico? El rey procura contrarrestar esa fuerza de atracción, apelando a otros valores.

Uno es la antigüedad y tradición: Betel está ligado a Abrahán. Dan se remonta al tiempo de los Jueces, y es un centro de atracción para las tribus del norte. Segundo, el culto con imágenes, alestilo cananeo, atrae al pueblo con más fuerza que el culto sin imágenes de Jerusalén. Tercero, escoge entre el pueblo los sacerdotes, sin privilegios cortesanos: las relaciones familiares así creadas vincularán al pueblo con el nuevo culto. Cuarto, instituye una gran fiesta de peregrinación popular en otoño.

12,28 La expresión se lee a la letra en la narración del becerro de oro (Ex 32). Muchos suponen que tal narración está redactada posteriormente, con espíritu polémico contra el culto de Betel. Es una fórmula que reconoce al Señor como Dios y liberador del pueblo; subraya la historia y no la fecundidad de la tierra.

12,30 Para el autor que escribe cuando la reforma de Josías, éste es el pecado original del reino del norte: Jeroboán lo inicia, otros reyes lo repiten y continúan, la destrucción del reino le pondrá término. Junto a este pecado, la erección de santuarios en las colinas es simple agravante.

1 REYES. CAPÍTULO 11

Idolatría de Salomón

111Pero el rey Salomón se enamoró de muchas mujeres extranjeras, además de la hija del Faraón: moabitas, amonitas, edomitas, fenicias e hititas, 2de las naciones de quienes había dicho el Señor a los de Israel: <<No os unáis con ellas ni ellas con vosotros, porque os desviarán el corazón tras sus dioses>>. Salomón se enamoró perdidamente de ellas; 3tuvo setecientas esposas y trescientas concubinas. 4Y así, cuando llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor, como el corazón de David, su padre.
5Salomón siguió a Astarté, diosa de los fenicios; a Malcón, ídolo de los amonitas. 6Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor, como su padre, David. 7Entonces construyó una ermita a Camón, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Malcón, ídolo de los amonitas. 8Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses.
9El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, 10y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden. 11Entonces el Señor le dijo:
-Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. 12No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre, David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. 13Y ni siquiera la arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida.

Rebeliones contra Salomón

14Así, suscitó el Señor a Salomón un adversario: Hadad, el idumeo, de la estirpe de Edom.
15Cuando David derrotó a Edom, al ir Joab, general en jefe, a enterrar a los muertos, mató a todos los varones de Edom. 16Joab y el ejército israelita estuvieron acantonados allí seis meses, hasta que exterminaron a todos los varones de Edom. 17Pero Hadad logró huir a Egipto con unos cuantos idumeos, funcionarios de su padre. Hadad era entonces un chiquillo. 18Partieron de Madián y llegaron a Farán. Se les agregaron algunos de Farán, entraron en Egipto y se presentaron al Faraón, rey de Egipto, que les dio casa, manutención y tierras. 19Hadad se ganó completamente el favor del Faraón, que lo casó con su cuñada, la hermanda de la reina Tafnes. 20Su mujer le dio un hijo, Guenubat, y lo crió en el palacio del Faraón, con los hijos del Faraón.
21Cuando Hadad se enteró en Egipto de que David había fallecido y que había muerto Joab, general en jefe, pidió al Faraón:
-Déjame ir a mi tierra.
22El Faraón le respondió:
-Pero, ¿qué te falta junto a mí, que pretendes irte ahora a tu tierra?
Hadad le dijo:
-Nada. Pero déjame ir*.
25b Hadad reinó en Edom y no dejó en paz a Israel.
23También suscitó el Señor como adversario de Salomón a Rezón, hijo de Elyadá, que se le había escapado a su amo Adadhézer, rey de Sobá; 24se le juntaron unos cuantos hombres y se hizo jefe de guerrillas; y mientras David destrozaba a los sirios, él se apoderó de Damasco, se estableció allí y llegó a ser rey de Damasco. 25a Fue adversario de Israel durante todo el reinado de Salomón.
26Jeroboán, hijo de Nabat, era efraimita, natural de Serdá; su madre, llamada Servá, era viuda. Siendo funcionario de Salomón se rebeló contra el rey. 27La ocasión de rebelarse contra el rey fue ésta: Salomón estaba construyendo el terraple´n para rellenar el foso de la Ciudad de David, su padre. 28Jeroboán era un hombre de valer, y Salomón, viendo que el chico trabajaba bien, lo nombró capataz de todos los cargadores de la casa de José.
29Un día salió Jeroboán de Jerusalén, y el profeta Ajías, de Siló, envuelto en un manto nuevo, se lo encontró en el camino; estaban los dos solos, en descampado. 30Ajías agarró su manto nuevo, lo rasgó en doce trozos y dijo a Jeroboán:
31-Recoge diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: <<Voy a arrancarle el reino a Salomón y voy a darte a ti diez tribus; 32lo restante será para él, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel; 33porque me ha abandonado y ha adorado a Astarté, diosa de los fenicios; a Camós, dios de Moab,  a Malcón, dios de los amonitas, y no ha caminado por mis sendas practicando lo que yo apruebo, mis mandatos y preceptos, como su padre, David. 34No le quitaré todo el reino; en consideración a mi siervo David, a quien elegí, que guardó mis leyes y preceptos, lo mantendré de jefe mientras viva; 35pero a su hijo le quito el reino y te doy a ti diez tribus. 36A su hijo le daré una tribu, para que mi siervo David tenga siempre una lámpara ante mí en Jerusalén, la ciudad que me elegí para que residiera allí mi Nombre. 37En cuanto a ti, voy a escogerte para que seas rey de Israel, según tus ambiciones. 38Si obedeces en todo lo que yo te ordene y caminas por mis sendas y practicas lo que yo apruebo, guardando mis mandatos y preceptos, como lo hizo mi siervo David, yo estaré contigo y te daré una dinastía duradera, como hice con David, y te daré Israel. 39Humillaré a los descendientes de David por esto, aunque no para siempre>>.
40Salomón intentó matar a Jeroboán, pero Jeroboán emprendió la fuga a Egipto, donde reinaba Sisac, y estuvo allí hasta que murió Salomón.
41Para más datos sobre Salomón, sus empresas y su sabiduría, véanse los Anales de Salomón.
42Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta años. 43Cuando murió lo enterraron en la Ciudad de David, su padre. Su hijo Roboán le sucedió en el trono.

Explicación.

11 Después de tantas glorias de Salomón, el presente capítulo recuerda una serie de reveses políticos, que parecen desmentir su sabiduría y justicia en el gobierno. Se trata de tres rebeliones: Edom, al sur; Damasco, al norte; Jeroboán, dentro del reino. Son tres hechos que el autor registra e interpreta.

La primera interpretación consiste en agruparlos en un capítulo, pues cronológicamente no coinciden.

La rebelión de Edom se presenta como ocurrida poco después de la muerte de David, como venganza por la crueldad de Joab.

La rebelión de Damasco pudo suceder en la primera época de Salomón. Explicaría el afán del rey por apoyarse en el aliado fenicio. La derrota implica que Salomón no pudo cobrar más tributos de los mercaderes y caravanas arameas del Norte.

La tercera rebelión sucedió probablemente después de terminados los trabajos de construcción de la ciudad.

Un segundo recurso de interpretación es encabezar el capítulo con la noticia del pecado de Salomón. Lo cometió en la juventud, sus consecuencias se manifiestan en la vejez.

El tercer recurso de interpretación consiste en la explicación de motivos, que va introduciendo en puntos capitales.

11,1-13 El pecado capital es la idolatría, el germen y ocasión son los matrimonios con extranjeras. Precisamente para evitar ese peligro prohíbe el Deuteronomio esos matrimonios mixtos (Dt 7,3). Pero también se casó con extranjeras, y el autor no protestó por ello. Semejantes matrimonios eran en buena parte acciones políticas que contribuían a la paz del reino y al prestigio del soberano. El autor recoge el hecho de fuentes fidedignas, y añade su reprobación explícita.

Moab, Amón y Edom eran reinos vasallos, heredados de David; Egipto y Tiro eran reinos aliados; los hititas eran grupos de población dispersos entre otros reinos de la época. Siendo muchas de ellas esposas de primera categoría, probablemente de sangre real, no es extraño que trajeran su séquito y su religión; no parece que se les exigiera una conversión formal al yahvismo. Tendrían "libertad de culto" en Jerusalén, sus santuarios podrían ser visitados y utilizados por los mercaderes de diversos países que acudían a la ciudad; y no faltarían israelitas que se sumasen a esos cultos.

Al parecer, también Salomón cayó en el lazo por dar gusto a sus mujeres. Esa especie de sincretismo divide el corazón, impide seguir "plenamente" al Señor, quebranta el primer mandamiento de la ley.

El autor introduce una condena en forma de oráculo profético, según el esquema clásico, denuncia del pecado - anuncio del castigo; es dato específico la limitación de la pena. Con este recursos literario, el autor quiere dar una interpretación "profética" a los hechos.

11,1 Dt 17,17

11,2 Dt 7,14

11,11 1 Sm 15,28.

11,14-22 El exterminio de todos los varones suena como conclusión de la guerra santa; el alcance de la acción está exagerado.

En pequeño, la historia de Hadad se parece a la de los israelitas y a la de José: primero se refugia en Egipto, luego pide permiso para salir, tiene un hijo de familia real educado en la corte.

11,18 Ex 1-2.

11,22 * v. 25a después del v. 24.

11,23-25 Damasco, milagro de las aguas en medio del desierto, ocupa una posición privilegiada como centro comercial.

La menuda historia de Rezón tiene llamativos parecidos con la de Israel: el paso de algunas tribus nómadas a la vida sedentaria, el golpe de estado de un jefe de guerrillas (al estilo de David). ¿Por qué el narrador no quiere verlo?

11,24 Jue 9

11,26-40 La rebelión fracasada de Jeroboán es el episodio más grave de los tres, porque amenaza desde dentro la unidad y estabilidad del reino.

11,27 El terraplén cubría el foso que, a manera de bisectriz, arrancaba del ángulo formado por el Cedrón y el valle de Hinón, y que convertía en agudo espolón a la Ciudad de David. Al ensancharse la ciudad, ese foso resultaba un grave inconveniente.

11,28 Como tantas veces en la historia, la autoridad está aupando a su futuro enemigo; lo específico de la historia presente es que la ocasión es el ímpetu constructivo del rey. Es un síntoma de la debilidad que la magnificencia de Salomón incuba, y pudo ser un aviso saludable. Mandando a los proletarios de Efraín y Manasés, Jeroboán conoció su miseria (como en otro tiempo Moisés) y aprendió el arte de mandar. Pero, también como Moisés, todavía no había aprendido la paciencia.

11,29 El manto nuevo servirá para una función sacra, oracular; recuérdese el episodio de Saúl rasgando el manto de Samuel (1 Sm 15,27ss). Parece tratarse de un manto especial, símbolo del oficio profético (1 Sm 28,14, aparición de Samuel).

11,30 1 Sm 15,28s.

11,31-39 En este oráculo el narrador quiere darnos la clave interpretativa del próximo suceso trascendental. La elección y la promesa condicionada de una dinastía legítima por adelantado el nuevo reino que va a surgir. Un profeta de Siló, de la vieja y sagrada ciudad del norte, situada en territorio de Efraín, asiste a la concepción de ese nuevo reino. El profeta de Siló conjura recuerdos de tiempos heroicos y sencillos (Jos 18,1; Jue 21,19-24; 1 Sm 1-3).

Una vez que la dinastía de David ha emprendido un camino falso, el reino unido no puede subsistir, ya no lo quiere Dios; con todo,  el Señor mantiene su promesa a David. En este momento y bajo la palabra de Dios, la historia de Israel se bifurca. La primera intentona fracasada de Jeroboán inicia un período de gestación, y en su ausencia madurará la situación (también como en la ausencia de Moisés).

11,32 El hebreo dice "una tribu", el griego "dos", lo cual es más lógico.

11,36 Una lámpara: como una presencia que rinde homenaje e ilumina a los que entran.

11,37 En el paralelismo le falta un dato a Jeroboán: la ciudad elegida. Precisamente esta diferencia será la clave de la historia próxima.

11,38 Desde este momento el autor nos invita a contemplar paralelamente la casa de David y la casa de Jeroboán. 2 Sm 7.

11,40 Se trata probablemente del fundador de la dinastía 22.

11,42 Salomón es así el único rey que reinó desde el principio hasta el fin sobre todo Israel.

11,43 Eclo 47,22s.